Soledad del alma
Soledad del almaÂ
Mi alma yace en soledad profunda
árida, ardiente, en inquietud continua,
cual la abrasada arena del desierto
que el seco viento de la Libia agita.
Eterno sol sus encendidas llamas
doquier sin sombra fatigada vibra;
y aire de fuego en el quemado yermo
bebe mi pecho y con afán respira.
Cual si compuesto de inflamadas ascuas,
mi corazón hirviéndome palpita,
y mi sangre agolpada por mis venas
con seco ardor calenturienta gira.
En vano busco la floresta umbrosa
o el manantial del agua cristalina;
el bosque umbrÃo, la apacible fuente
lejos de mÃ, burlando mi fatiga,
huyen y aumentan mi fatal tormento
falaces presentándose a mi vista.
¡Triste de mÃ!, de regalada sombra,
de dulce agua, de templada brisa,
en fértil campo de verdura y flores
con grata calma disfruté yo un dÃa;
cual abre el cáliz de fragancia lleno
cándida rosa en la estación florida,
fresco rocÃo regaló mi alma
abierta a la esperanza y las delicias.
José de Espronceda (1808-1842)



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