
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo Vida
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse la hiel o la miel sabrosas;
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
Cierto, a mis lozanÃas, va a seguir el invierno,
¡más tu no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin dudas largas las noches de mis penas;
más no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…
Amé, fuà amado, el sol acarició mi faz
¡vida nada me debes! ¡vida estamos en paz!
Amado Nervo, Tepic, México 1870. Era Nervo descendiente de una familia española instalada en el lugar, una vida tranquila y ordinaria hasta la juventud. Trabajó en las tareas más variadas, abandonando su proyecto de ser abogado, para ayudar a la familia. Hacia 1895 su nombre empezo a sonar con la aparición de un relato corto “El Bachiller”, escribió entonces pequeños textos para varios diarios y empezo a ser publicado. Esto le permitió viajar por el mundo y en ParÃs propiamente se codeó con lo más granado. Murio en 1906 un gran representante de las letras hispanoaméricanas.
Tag: poesia

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