Taxi para las estrellas: Finales
Taxi para las estrellas: Finales
En el artículo anterior pusimos el Cuento “Taxi para las estrellas” que pertenece al libro “Cuentos para jugar” de Gianni Rodari, estos cuentos tienen tres finales a elegir, ahora ponemos los tres y el elegido por el autor. ¿Acertaréis con el final?
Primer final
El taxi reemprendió el vuelo con el tiempo justo, pero una flecha alcanzó a uno de los neumáticos de atrás que se desinfló con un larguísimo ¡PIIIIIIIFF!
— ¿Lo ha oído? Se estropeó —exclamó el Compagnoni Peppino—, y puede estar seguro de que ésta se la cobro.
—Pagaré, pagaré —contestó el Aldebariano.
— ¿Tomó ahora la cantidad justa? ¿No nos encontraremos en algún otro planeta salvaje?
Pero con las prisas, el Aldebariano no pudo medir la dosis con exactitud. El taxi del cosmos tuvo que estar un rato dando brincos de un lado a otro de la Galaxia antes de acertar con el planeta del Aldebariano. Pero cuando llegaron, era tan bonito y sus habitantes tan amables, y su guiso de arroz azul (una especialidad de por allí) tan sabroso, que el Compagnoni Peppino ya no sintió tanto anhelo por regresar a Milán. Se quedó quince días, de maravilla en maravilla. Tomó nota de todo y, una vez en la Tierra, publicó un libro, ilustrado con doscientas fotografías, que se tradujo a noventa y siete idiomas y le valió el Premio Nobel. Actualmente el Compagnoni Peppino es el taxista-escritor-explorador más famoso del sistema solar.
Segundo final
El taxi despegó y, como era más veloz que las flechas que le seguían, enseguida se encontró fuera de peligro.
—A lo que parece —observó Peppino— usted tampoco tiene mucha experiencia espacial ¿eh?
—Usted ocúpese de conducir —refunfuñó el Aldebariano—. Yo me encargo del resto.
—Muy bien, procure acertar.
Volaron durante unos minutos, a la velocidad de la luz (más un metro), superando distancias incalculables. Y al final del viaje se encontraron en… Milán, ¡en la plaza de la catedral!
— ¡Maldición, he vuelto a equivocarme! —Gritaba el Aldebariano, tirándose del pelo con sus veinticuatro dedos—. ¡Vámonos!
—No, gracias —exclamó el taxista, saltando al suelo—, yo me encuentro muy bien aquí. Si quiere, quédese con el coche: pero piénselo antes de causarme este trastorno. Sólo tengo esas cuatro ruedas para dar de comer a mis hijos.
—Paciencia —gruñó el Aldebariano—, iré a pie.
Salió del coche, mordisqueó su «chocolate azul» y desapareció. Antes de irse a casa, el Compagnoni Peppino entró en un bar a tomarse un aguardiente para quitarse el susto.
Tercer final
Sería demasiado largo de contar. Os doy sólo un esbozo. El taxista y el Aldebariano son hechos prisioneros por las Gallinas Gigantes. La prisión es un huevo. Escapan con aquel huevo. El Aldebariano desembarca en su planeta. El Compagnoni Peppino vuelve a Milán con el huevo gigante y una buena provisión de «chocolate azul». Monta una agencia de viajes cósmicos, una línea de taxis Tierra-Marte-Saturno y retorno y una granja de gallinas que ponen huevos pequeñitos pero, para fritos, insuperables.
El final del autor
Mis preferencias son para el tercer final porque me gustan los huevos. El final apenas está esbozado: si tenéis ganas, escribidlo vosotros.
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