Riquete el del Copete (Final)
Riquete el del Copete (Final)
Autor: Charles Perrault
Viene de Riquete el del Copete (Segunda parte)
-Me sorprendéis, señora -le dijo Riquete el del Copete.
-Lo creo -dijo la Princesa-, e indudablemente, si tuviera que enfrentarme con un hombre tosco y sin inteligencia, me verÃa en una situación muy embarazosa. «Una princesa no tiene más que una palabra, me dirÃais, y tenéis que casaros conmigo, puesto que me lo habéis prometido»; pero como la persona con quien hablo es el hombre más inteligente del mundo, estoy segura de que sabrá atenerse a razones. Vos sabéis que, cuando era tonta, a pesar de todo no podÃa decidirme a casarme con vos; ¿cómo queréis que con la inteligencia que me habéis dado, y que me hace todavÃa más exigente de lo que era en materia de relaciones personales, tome hoy una resolución que no pude tomar en aquel momento? Si pensabais de verdad en casaros conmigo, habéis cometido el gran error de sacarme de mi necedad y hacer que vea más claro de lo que veÃa.
-Si a un hombre sin inteligencia -respondió Riquete el del Copete- se le admitirÃa, como acabáis de decir, que os reprochara vuestra falta de palabra, ¿por qué queréis, señora, que no haga lo mismo yo en un asunto del que depende toda la felicidad de mi vida? ¿Es razonable que las personas que tienen inteligencia estén en peores condiciones que las que no la tienen? ¿Podéis pretenderlo vos, que tanta tenéis y que tanta deseasteis tener? Pero, si os parece, vayamos al grano. Exceptuando mi fealdad, ¿hay algo más en mà que os desagrade? ¿Estáis descontenta de mi nacimiento, de mi inteligencia, de mi carácter y de mis modales?
-De ningún modo -respondió la Princesa-, de vos me gusta todo lo que acabáis de decirme.
-Si es asà -prosiguió Riquete el del Copete-, voy a ser feliz, ya que vos podéis convertirme en el más agradable de todos los hombres.
-¿Y cómo podrÃa hacer eso? -le dijo la Princesa.
-Podréis hacerlo -respondió Riquete el del Copete-, si me amáis lo suficiente como para desear que asà sea; y para que no dudéis más, señora, sabed que la misma hada que el dÃa de mi nacimiento me concedió el don de poder hacer inteligente a la persona que me gustase, también os concedió a vos el don de poder hacer hermosa a la persona a quien vos quisierais conceder esa gracia.
-Si es asà -dijo la Princesa-, deseo con todo mi corazón que os convirtáis en el prÃncipe más hermoso y más agradable del mundo. Y os concedo el don en la medida en que esté en mi mano.
En cuanto la Princesa pronunció estas palabras, Riquete el del Copete apareció a sus ojos como el hombre más hermoso, mejor plantado y más agradable que ella hubo visto jamás.
Hay quien asegura que no intervinieron para nada los encantamientos del hada, sino que sólo el amor realizó aquella metamorfosis. Dicen que la Princesa, después de haber meditado sobre la perseverancia de su amante, sobre su discreción y sobre todas las buenas cualidades de su alma y de su espÃritu, dejó de ver la deformidad de su cuerpo y la fealdad de su rostro; que la joroba sólo le pareció el porte de un hombre con aires de importancia y que, asà como hasta entonces lo habÃa visto cojear horriblemente, no le encontró más que cierto andar inclinado que le encantaba; también dicen que sus ojos, que eran bizcos, le parecieron por ello más brillantes, que su defecto pasó en su mente por la marca de un violento exceso de amor, y finalmente que su gruesa nariz roja tuvo para ella algo de heroico y marcial.
Sea como fuere, la Princesa le prometió al instante casarse con él siempre que tuviera el consentimiento del Rey, su padre. El Rey, que se habÃa enterado de que su hija estimaba mucho a Riquete el del Copete, a quien conocÃa además por ser un prÃncipe muy inteligente y muy prudente, lo aceptó con sumo placer como yerno. Al dÃa siguiente se celebró la boda, tal como lo habÃa previsto Riquete el del Copete y según las órdenes que habÃa dado hacÃa mucho tiempo.
 FIN


Blog compatible con Dispositivos Móviles.
Comentaristas más activos